Barreras en la atención médica a los hispanos

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Mobile Clinic for Migrant Workers John Moore

Durante su primer semestre en la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, en 2006, a Georgina Uresti-Mandanado le salieron unos extraños sarpullidos, le dolía el pecho y se sentía mareada. Pero como no tenía seguro médico –de hecho nunca había tenido cobertura sanitaria-- decidió retrasar su visita al médico. Los sucesivos empleos de su madre en una granja, en una fábrica de procesamiento de pollo y en la construcción nunca ofrecían cobertura médica de sus hijos. Uresti-Mandanado, nieta de inmigrantes mexicanos, dice que de niña “solo iba al doctor cuando estaba realmente enferma y los remedios de mi abuelita no conseguían curarme”. Durante las vacaciones de Navidad de su primer semestre en la universidad decidió ir a la consulta de un doctor. Esperó hasta que fue a visitar a su familia a la ciudad Mexicana de San Luis de Potosí porque allí la consulta era más barata. El resultado de los análisis de sangre trajo malas noticias: lupus.

Para la comunidad hispana la historia de Uresti-Mandanado –su incapacidad para pagar la atención médica y su renuencia a buscar ayuda hasta que estaba seriamente enferma—es algo corriente. Aunque millones de americanos de todos los orígenes carecen de seguro o de la cobertura adecuada y se enfrentan al problema de no tener acceso a la atención sanitaria, es mucho más probable que la persona que no puede pagarse un seguro médico u obtener atención sanitaria cuando la precisa, pertenezca a la comunidad hispana que a cualquier otro grupo étnico. El plan de reforma sanitaria recién aprobado ayudará a solventar esta disparidad con una serie de medidas que facilitarán que las personas con salarios bajos que carecen de seguro médico puedan obtenerlo, un grupo de gente que es abrumadoramente latino. Sin embargo, una vez el nuevo plan sea implementado la Oficina de Presupuestos del Congreso calcula que un 8% de residentes en USA seguirá sin tener cobertura médica, y la mayoría de ellos serán latinos, en gran medida porque la nueva ley limita las opciones de seguro médico de los nuevos inmigrantes, tanto legales como ilegales.

Según las cifras de la Kaiser Family Foundation (Fundación Familia Kaiser), uno de cada siete estadounidenses es hispano, y sin embargo los latinos representan la mitad de la población no anciana que carece de seguro médico; el grupo National Council de La Raza (Consejo Nacional La Raza) sostiene que un tercio de los aproximadamente 47 millones de personas que no tienen seguro en USA son hispanos. La explicación a esto es que a menudo la población hispana trabaja en empleos de salario bajo o en pequeños negocios que no ofrecen cobertura sanitaria a los trabajadores. La brecha entre los latinos y otros grupos en este asunto apunta a que entran en juego otros factores, además de los puramente económicos. Es un 50% más probable que un latino carezca de seguro médico que un afro-americano, un grupo cuya media salarial es inferior. (Según los datos del Censo, los hispanos tienen tres veces más probabilidades de estar sin seguro que los blancos no hispanos, que ganan mucho más de media). Entre la población infantil la disparidad es aún mayor, ya que la probabilidad de que un niño hispano carezca de seguro es dos veces mayor que la de un niño afro-americano, según Kaiser Family Foundation (Fundación Familia Kaiser).

Un tercio de los latinos menores de 65 años que están asegurados dependen de Medicaid, el programa federal que cubre principalmente a niños de hogares de renta baja y a algunos grupos de adultos pero esto último varía en función del Estado en el que uno resida. (La nueva ley federal sanitaria establece que Medicaid cubrirá a partir de ahora a adultos de renta baja que no tengan niños). Los inmigrantes legales sólo pueden apuntarse a este programa tras haber pasado cinco años en el país, y los inmigrantes sin papeles están totalmente excluidos de los programas de cobertura sanitario promovidos por el gobierno, esto explica en parte la alta tasa de latinos sin seguro médico. (El 76% de los inmigrantes sin papeles proceden de Latinoamérica según el Pew Hispanic Center).

De todos modos, dice la doctora Elena Ríos, presidente de la Asociación Nacional de Médicos Hispanos, incluso aunque puedan hacerlo “los hispanos [a menudo] no se apuntan” ni a los seguros públicos ni a los privados. En el caso de aquellos que podrían obtener cobertura de sus empleadores, a veces renuncian porque aún no pueden costearse el pago de las primas. Aquellos que podrían apuntarse a los programas públicos puede que no sepan cómo hacerlo. Con frecuencia también tienen miedo de participar en un programa del gobierno.

“Lo que afecta mucho a la comunidad latina es el miedo”, explica el Doctor Gonzalo Paz-Soldán, director médico de Centro de Pediatría Arlington en el norte de Virginia. El doctor señala que hay un gran número de niños latinos que a pesar de cumplir los requisitos de Medicaid no están inscritos en el programa, probablemente porque los padres no son inmigrantes legales y tienen miedo de apuntar a sus hijos, aunque los niños hayan nacido en USA y sean ciudadanos legales. “Tienen miedo de sumarse a cualquier programa gubernamental o a cualquier cosa que suene como programa gubernamental”, dice, “porque el sentimiento que prevalece es que eso podría tener una repercusión negativa en la familia o en el estatus legal inmigratorio del niño”. Incluso residentes legales pueden tener miedo de apuntar a sus hijos, dice Paz-Soldán, preocupados porque esto pueda ser visto como que se benefician “de algún tipo de asistencia social” y que luego funcione en su contra cuando soliciten la ciudadanía.

Aunque la falta de seguro es probablemente el factor más importante que impide que los latinos tengan asistencia médica, Paz-Soldán dice que los latinos de renta baja hacen frente a los mismos impedimentos para obtener cuidados sanitarios que el resto de la población de pocos recursos económicos. Es decir, aquellos que sí tienen cobertura médica o podrían ser atendidos en centros médicos comunitarios a veces no pueden beneficiarse de esta asistencia porque no tienen medio de transporte o tienen varios turnos de trabajo y no pueden faltar para visitar a un doctor. Otro factor que influye en todo esto es que a menudo en barrios de bajo poder adquisitivo hay menos servicios médicos. (El gobierno tiene dos programas –el de los centro de salud comunitarios y el National Health Corps—para asegurarse de que los servicios médicos llegan a las zonas más desfavorecidas. Estos programas tienen más demanda de la que pueden atender y ahora van a ser ampliados ya que el gobierno cree que aún hacen falta más servicios de atención médica en estas comunidades).

Paz-Soldán aún recuerda el caso de un niño que fue diagnosticado con autismo en su clínica. Era casi imposible conseguir que el niño fuese atendido por un especialista ya que no tenía seguro medico. Después de mucho buscar, la clínica consiguió convencer a un programa de caridad que forma parte del Centro Médico de la Universidad de Virginia de que le recibiera en la clínica universitaria, que se encuentra en Charlottesville, a 95 millas. Como los padres del niño no tenían coche, un miembro del equipo del Centro Pediátrico de Arlington se ofreció a llevar a la familia a la cita. El niño tuvo suerte de que los miembros del equipo del centro pediátrico estuvieran tan involucrados como para llegar tan lejos. Pero no todo el mundo que necesita asistencia médica puede contar con tener tanta suerte.

Para los inmigrantes nuevos el idioma, claro está, es otro gran obstáculo que a veces impide que reciban tratamiento médico. Aunque existe un mandato federal que ordena que todos los hospitales dispongan de intérpretes para atender a los pacientes que no hablan inglés, el personal médico y los expertos sanitarios dicen que a menudo hay muy pocos, si es que los hay, y así muchos pacientes que no dominan el inglés salen de las consultas sin entender las instrucciones de los médicos. Una vez, la clínica de Paz-Soldán atendió a un bebé con síndrome de Down que fue hospitalizado durante varias semanas nada más haber nacido y nadie del hospital le había comunicado a la madre el diagnóstico, ni lo que esto significaba.

La historia de Uresti-Mandanado, tuvo un final más feliz: los síntomas desaparecieron de lupus por si solos y no ha necesitado tratamiento. Pero los problemas y dificultades que su historia muestra son muy reales. La inseguridad y dificultad para acceder al cuidado médico que provocan las barreras económicas, lingüísticas o logísticas significa que muchos latinos corren el peligro de no poder recibir tratamiento cuando lo necesitan. Esto pone en peligro su salud. Además, el riesgo que tienen de caer gravemente enfermos hace que su situación financiera sea aún más incierta. Por todo esto el nuevo plan de sanidad es un alivio para los defensores de la salud entre la comunidad hispana. La nueva ley no sólo permitirá que mucha más gente de bajos ingresos pueda acogerse a Medicaid, sino que los subsidios y ayudas que ofrece permitirán que muchos que hoy no pueden costearse un seguro logren, gracias al plan, pagar algún plan de cobertura sanitaria, si no lo consiguen a través de sus empleadores.

Sin embargo, la nueva legislación contiene algunos requisitos que preocupan a los defensores de los derechos de los latinos. Hay que presentar documentos que prueben la ciudadanía, algo que puede ser complicado incluso para algunos americanos nacidos en USA que no tienen su certificado de nacimiento u otra documentación. Los inmigrantes legales seguirán sin poder apuntarse a Medicaid hasta que hayan pasado cinco años en el país, y los inmigrantes sin papeles no podrán comprar un seguro bajo los nuevos procedimientos, ni siquiera a nivel individual. Aunque los defensores de la causa latina consideran que la reforma es un paso adelante importante, les preocupa que cuando la ley entre en vigor una importante mayoría de los que se quedarán sin seguro serán latinos e inmigrantes de fuera de Latinoamérica

A pesar de todo, los abogados dicen que este es un buen principio. La National Hispanic Medical Association’s Rios dice “Somos nosotros quienes sacamos más de esto”.

Feder es un perodista freelance que reside en Washington e es un científico investigador del George Washington School of Public Health.

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