Carencia de doctores hispanos: comunidad en apuros

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Mobile Clinic for Migrant Workers John Moore

Los resultados del Censo 2010 no estarán listos hasta el año que viene, pero los expertos de esta oficina esperan uno de los crecimientos más importantes en la población hispana de USA, con una estimación que sitúa el aumento en 34% respecto de las cifras del año 2000. Sin embargo, no se espera un aumento correlativo en el campo de la medicina, un área en la que la escasez de doctores latinos empieza a tener preocupantes consecuencias en la salud de esta comunidad.

Según las cifras disponibles del Censo, los latinos suman el 14.2 % de la población en USA, pero sólo representan el 6.4% de los graduados de las escuelas de medicina, según la Asssociation of American Medical Colleges/ Asociación Americana de Facultades de Medicina (AAMC). Esto significa que hay aproximadamente 3.000 pacientes latinos por cada médico latino. En comparación, para la población no Latina, la media es de 335 pacientes por cada doctor. Esto significa que los latinos para quienes el inglés puede que no sea su primera lengua y que por motivos culturales se relacionan con sus doctores de forma distinta, corren el peligro de quedar aún más marginados en el sistema sanitario.

Incluso en una ciudad con tanta diversidad como Nueva York, Communilife una clínica sin ánimo de lucro del Bronx tardó dos años en encontrar a un geriatra hispano para que trabajara en la zona de East Tremont. La fundadora de Communilife, Rosa Gil, buscaba a alguien con quien los pacientes pudieran relacionarse y de quien se fiaran. "Es muy difícil encontrar a especialistas bilingües y biculturales", explica.

Los datos más recientes son de 2007 y muestran que hubo una caída del 4% en el número de admisiones de latinos en las escuelas de medicina, respecto del año anterior, según el informe de la AAMC "Diversity in Medical Education" ("La diversidad en la educación médica "). Aunque en términos generales ha habido un pequeño aumento en el porcentaje de solicitudes de latinos en las escuela de medicina (al igual que en el resto de comunidades étnicas, excepto los indios americanos), las cifras son prácticamente parejas a las de 2005. El mismo informe señala que sin importar qué estadística uno use para cuantificar la presencia de latinos en el área de la medicina, los números básicamente están estancados desde mediados de los 80.

Tanto los afroamericanos como los indios americanos han experimentado un estancamiento similar: su porcentaje en las escuelas de medicina se ha mantenido en un margen entre el 10 y 15% durante el mismo periodo. Pero ningún grupo poblacional experimenta una explosión demográfica similar a la de los hispanos, cuyo crecimiento acentúa el ya de por sí bajo número de doctores latinos. (La población de origen asiático está experimentando un crecimiento demográfico parecido, pero al contrario que los latinos, el número de asiáticos americanos en las escuelas de medicina ha crecido proporcionalmente y representa un 19.8% del total).

Según un estudio del Pew Hispanic Center) (El Centro Hispano Pew, la raza o etnia y el acento o el dominio del inglés son los principales motivos (aparte de la falta de seguro médico) por los que muchos pacientes latinos no tienen un médico de cabecera. Debido a esto muchos retrasan la búsqueda de atención sanitaria y en última instancia recurren a las impersonales salas y clínicas de urgencias, que no ofrecen una atención médica a largo plazo. "Las investigaciones indican que cuando estamos bajo un gran estrés emocional tendemos a buscar apoyo en nuestra lengua nativa", dice Gil. Si los matices de los pacientes no son traducidos con precisión, se pueden producir fácilmente malentendidos. "Cuando una persona mayor puertorriqueña dice 'Ay, me duele el corazón,' habla de una pena," explica Gil. "Pero eso puede ser fácilmente interpretado como que el paciente sufre dolores en el pecho".

Además, los doctores latinos pueden comprender mejor ciertos matices culturales. Por ejemplo, Francisco Ramírez-Valle, un doctor de 32 años graduado de NYU, recuerda que durante su rotación como estudiante, un médico ginecólogo para quien traducía era incapaz de comprender por qué un paciente no podía facilitar su verdadero historial clínico. "Yo intentaba explicarle que [el paciente] venía de una aldea pequeña de México donde la gente no va a visitar a los médicos a menos que ocurra algo realmente grave", explica Ramírez-Valle, originario de México.

"En un sitio como Miami, puede que no sentirás que los latinos son minoría entre la profesión médica, pero en el resto del país la historia es bien distinta", dice el Doctor José G. Castro, un especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Miami. Originario de Perú, Castro llegó a USA en 1993 para hacer su residencia en Baltimore, y allí dice que se sentía como el único médico latino. Ahora, Castro asegura que está agradecido por poder trabajar en un lugar donde trata con pacientes y colegas latinos.

Según señalan varios doctores y administradores de los centros educativos, el mayor problema para que aumente la presencia de profesionales latinos en el área sanitaria es la financiación de la costosa educación. "El coste de la escuela de medicina es escandaloso", dice Dani McBeth el decano de estudiantes de Sophie Davis School of Bio-Medical Education (Escuela de Educación Biomédica Sophie Davies), un programa coordinado de B.S.-M.D. asociado al City College de Nueva York. Fundada en 1973, esta escuela acepta a estudiantes de todo el estado prestando especial atención a aquellos cuya etnia no está muy bien representada en la profesión médica. Su programa ofrece un curriculum de nivel de graduado a $4.200, el mismo precio de la matrícula anual de CUNY. Los estudiantes se transfieren los dos últimos años a una escuela de medicina separada. "Nuestros estudiantes pasan a pagar íntegramente los $60,000 de matrícula anual, a menudo en las escuelas [médicas] del Ivy League, pero cuando entran tienen con mucha menos deuda que el resto de los estudiantes", dice McBeth.

La deuda media de un estudiante de medicina en 2009 asciende a $154,000, según AAMC. Y los latinos, más que ningún otro grupo, financian el grueso de su educación mediante préstamos –en vez de con ayuda financiera, becas, programas de trabajo y estudios, ayudas familiares u otros recursos.

La evidencia no científica apunta a que la causa es que los latinos no reciben el mismo apoyo económico que reciben otros grupos de sus familias y, además, a diferencia de otros estudiantes que proceden de un entorno con más dinero, los latinos no suelen estar al corriente de otros medios que podrían ayudarles a costear su educación. Los estudiantes latinos de medicina que ingresaron en el curso 2008-2009 dijeron en una encuesta que usarían préstamos y créditos bancarios para cubrir el 64.1% de sus gastos educativos. Esta deuda, incluso antes de que se llevaran a efecto los ajustes del mercado crediticio, es una carga muy pesada para echarse encima.

"Odio tener que ir a la oficina de ayuda financiera cada semestre para suplicar $1.000 de aquí o $1.500 de allá, pero es lo que tengo que hacer; tengo que pagar el alquiler y la comida", dice Ramón Millán, estudiante de tercer curso en la Escuela de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia. Este joven mexicano-americano de 29 años nació en Alburquerque (Nuevo México) y recibió una beca el año pasado, pero a continuación le recortaron las ayudas financieras que el centro ofrece en función de las necesidades reales de los estudiantes y también recortaron el préstamo Stafford del gobierno federal. Con una deuda, que arrastra de su licenciatura en la Universidad de Brown, de casi $60.000 y una familia que no puede ayudarle a pagar su costosa educación, Millán necesita cada dólar que logra conseguir.

En la mayoría de los casos sólo se puede optar a las ayudas en función de las necesidades reales de los estudiantes que ofrecen las universidades, después de haber contraído una considerable deuda en créditos. Para aquellos que estudian en la Escuela de Medicina de Columbia, esta cifra de créditos se sitúa típicamente en $22.000, según Hilda Hutcherson, M.D. y decana asociada de la Oficina de Diversidad y otros Recursos.

Unas cuantas organizaciones ofrecen becas para los estudiantes latinos de medicina. La National Hispanic Medical Association (Asociación Nacional Médica Hispana) ofrece a los estudiantes de medicina 20 becas cada año de $5.000 y $2.000. La National Boricua Latino Health Organization (Organización Nacional de Salud Boricua Latino) cubre los gastos de 10 estudiantes de los cursos preparatorios del MCAT, y al resto les ofrece descuentos en la tasa que asciende a $150 al mes. "Hay ayudas y algo de dinero ahí fuera, pero no es suficiente para atender las necesidades de todos los médicos latinos que se necesitarán para atender a la población latina que no para de crecer", dice Hutcherson.

La financiación no es el único obstáculo al que hacen frente los latinos que aspiran a convertirse en doctores. Según profesionales del campo de la medicina, muchos estudiantes latinos no han tenido acceso a una educación primaria que les prepare para las dificultades de la escuela de medicina. "Es menos frecuente que estos estudiantes tomen clases de honores o se apunten a cursos de AP; suelen ir a colegios públicos en barrios con pocos recursos", dice Hutcherson. Este es el motivo de que muchas escuelas de medicina ofrezcan "programas puente" para alumnos desfavorecidos o miembros de minorías, como, por ejemplo, el programa especial de ciencias para alumnos de secundaria.

Más de la mitad de las solicitudes de ingreso en todas las escuelas de medicina proceden de estudiantes que se licenciaron en biología. Aunque desde 1994 hasta 2004 el número de latinos que se licenció en biología creció en un 80%, la cifra de aquellos que luego solicitaron el ingreso en una escuela de medicina cayó desde un 79% a un 29%. "Creo que mucho talento no está siendo explotado", dice Hutcherson. "Muchos estudiantes deciden no hacerse doctores porque saldrán de la escuela de medicina con una deuda que será superior a la hipoteca media de una casa".

Las estadísticas de la AAMC demuestran que cuando los latinos deciden estudiar medicina, en vez de especializarse en áreas de medicina general --que según los propios doctores y líderes de la comunidad es dónde más se les necesita--, tienden a inclinarse por la cirugía, un campo que tiene sueldos muy altos, pero no implica mucha práctica directa con los pacientes. "No hay infraestructura sanitaria latina", dice el Dr. Héctor Castro, que gana $500 como especialista de cuidados intensivos. "Si no hay una atención primaria no se puede prevenir [enfermedades graves]". Después de comprobar, en las salas de urgencias y las unidades de cuidados intensivos de Nueva York donde trabaja, el impacto que el cuidado preventivo podría tener en los pacientes latinos fundó hace tres años el Instituto de Salud del Beth Israel en Manhattan, un centro médico sin ánimo de lucro dedicado a atender a la comunidad latina

Otro obstáculo al que hacen frente los latinos que aspiran a ser doctores es la falta de apoyo de su comunidad, incluso a veces de sus propias familias. "Si nunca has visto a nadie de tu entorno –un miembro de la familia, un amigo de tus padres, el vecino de la puerta de al lado—que se haya convertido en doctor, es mucho más difícil empezar a soñar, pensar que tú algún día podrás hacerlo", afirma Hutcherson. "Y si vienes de una familia que ha tenido problemas para pagar el alquiler, la idea de tener una deuda de $100,000 es inconcebible". Esta gente puede intentar dirigir las carreras de sus hijos a campos menos costosos dentro de la medicina, como la enfermería.

Para otros padres, incluso aquellos que apoyan a sus hijos, puede ser duro reconciliar expectativas tradicionales con la vida menos convencional de los doctores. "Incluso mis padres, que son absolutamente increíbles y que han conseguido que mi hermano y mi hermana estudiaran en la Universidad, me preguntan todo el rato, '¿Estás segura de qué puedes con esto? No tienes por qué hacerlo'", dice Mary-Anne García, estudiante dominicana-americana de la escuela Sophie Davis. Los padres de Denise Ulloa, una dominicana-americana de 26 años que atiende los cursos previos al ingreso en la escuela de medicina, se ofrecieron a vender su casa para ayudarle a financiar su educación. Aún así los padres han expresado su preocupación por los sacrificios personales que la carrera de medicina lleva consigo. "No pienso decirle esto [a mi madre] porque no quiero que se preocupe, pero cuando pienso que saldré de la escuela de medicina a los 32 años también yo me preocupo, porque quiero casarme y formar una familia", dice Ulloa. "Sé que esto va a ser agotador".

Después de que el año pasado considerara dejar los estudios de medicina debido al coste, Ulloa ha retomado su compromiso con la idea de convertirse en doctora. Es un reto personal que quiere asumir, y también es algo que puede fortalecer y mejorar la salud de su comunidad.

Rodríguez es una periodista residente en Nueva York que escribe sobre temas de salud y de cultura

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